MÁS DE 100 AÑOS EN EL MUNDO DEL PAPEL

En el mes de agosto de 2009, la firma Ramón Chozas S.A. cumplió cien años de trabajo ininterrumpido.

La cifra es todo un logro, evidencia del trabajo constante y de una capacidad indiscutida de adaptación a nuevas realidades de mercado. Una mirada amplia para, dentro del mismo rubro de la transformación del papel, abordar ilimitadas posibilidades de negocios.

Dentro del target de empresa familiar, es también un caso testigo, por su permanencia exitosa bajo el mandato de un único apellido. Históricamente perteneció y pertenece a los descendientes de aquel que le puso su nombre, un joven español que, recién llegado de su Almería natal, comenzó a hacer su camino trabajando con cajas y cartones.

En 1906 inauguró una librería que se llamó “Escuela Rivadavia de Ramón Chozas” y en 1909 le compró a José Pardal una fábrica de cajas de cartón ubicada en la calle Venezuela 1666 que se considera el inicio de su industria.

El 14 de enero de 1940, cuando a los 66 años murió Ramón, su hijo Ramón Feliciano quedó a cargo del negocio. En 1941 se disolvió la cartonería y fábrica de cajas, y comenzaron a intermediar en la venta de papeles y cartones en general. Al principio eran nacionales. Terminada la Segunda Guerra Mundial, importados.

A principios de los 50 incursionaron en la distribución de artículos de librería y escritorio pero el grueso del trabajo en Ramón Chozas confluía en el mercado del papel para la industria gráfica y editorial.

Los Chozas, además, inauguraron la década del 50 con una gran inversión: una planta en Barracas con la cual iniciaron el proceso de modernización del almacenaje y logística de materia prima y productos terminados. Así comenzaron a distribuir su producción.

DIVERSIFICACIONES DE UN MISMO NEGOCIO

En 1953 Ramón Feliciano decidió la compra de un Taller de Rayados: a disco y a pluma. Allí rayaban hojas de repuestos, cuadernos y cuadernillos de contabilidad.

Ramón Chozas apostó por otra innovación para su fábrica: Compraron una máquina gofradora y luego una impresora flexográfica para hacer servilletas descartables con diseño, toda una novedad para las mesas argentinas.

En 1954 los Chozas empezaron a fabricar talonarios de control impresos y numerados. Para esto compraron una rotativa que determinó el paso de lo artesanal de aquella inicial fábrica de cajas a la conversión de papeles y a la industria gráfica propiamente dicha.

En 1951, los hijos de Ramón Feliciano, egresados ambos de la Universidad de Buenos Aires, se anexaron a una organización con más de cien empleados.

NACE HÚSARES

En 1959, surgió una línea de productos estándar y se comenzó a utilizar la marca Húsares. Lorena, Húsares, RC1909 y Dobladitas eran los caballitos de batalla que llegaban al consumidor por el canal de papelería.

PROFUNDIZAR LO CONOCIDO

A fines de los setenta compraron nuevas máquinas rotativas con las que se abocaron a producir formularios continuos a pedido y estándar. En el año 91 Ramón Chozas S.A. lanzó al mercado una segunda generación de formularios. Una máquina offset les permitió llegar a productos de mayor valor agregado: tarjetas de embarque, cupones de tarjetas de crédito, entre otros, salían listos e impresos a color de la fábrica de la calle Valle.

En 1983 la provincia de San Luis puso en vigencia la ley de promoción industrial. La consideraron una buena opción para el crecimiento del negocio y construyeron una fábrica para la producción de talonarios y formularios estándar. Esta planta funcionó hasta el año 2003.

En 1987 se creó la firma Ramón Chozas Informática. comercializaba computadoras y suministros para centros de cómputos: disquettes, toners, CDs.

Por otra parte, y como fue habitual en los 90, se vendían productos de papelería como cuadernos, libretas, papel crepé, etc. desde Brasil. Trabajaban productos de librería con formato de franquicias; el Osito Winnie Pooh y las carpetas con el mago Harry Potter fueron figuras estelares de esta etapa.

Frente a la dinámica de los cambios de mercado se buscaron otros nichos: estaciones de peaje, cajeros automáticos, tarjetas de crédito, faxes, que utilizaban papeles con procesos químicos. Compraron una máquina automática de rollos . También se adquirió una enresmadora y empaquetadora automática para Resmitas “Húsares”.

HOY Y MAÑANA

En 1993 comenzaron con una línea productiva aún más específica, la de productos de seguridad. Estos por su finalidad requieren detalles que los hagan irrepetibles: sellos, hologramas, partes vedadas que se perciben a trasluz o rompiéndolos...

Dentro de la misma fábrica este sector trabaja con servicios de seguridad de última generación, acceso restringido, vigilancia continua y un centro de cómputos independiente. El área tiene una bóveda de seguridad blindada y homologada.

La rueda de la vida sigue girando. Y aquella fábrica de cajas que fundó un inmigrante español es hoy el sostén de más de doscientas familias. Usan tecnologías impensadas hasta hace pocos años -casi de ciencia ficción-, a las que supieron adaptarse.

Capitolio y Húsares son las marcas más conocidas dentro del mercado de consumo masivo.

Como empresa, en Ramón Chozas demostraron saber proyectarse al futuro con inversiones, transformaciones tecnológicas y proyectos de negocios. Todo esto se condimenta con afecto y orgullo familiar y se sostiene a fuerza de compromiso y responsabilidad.

La presencia de descendientes de aquel Ramón Chozas en los sucesivos directorios es un dato que muestra el compromiso por sostener a la empresa. La firma es sinónimo de papel con alto valor agregado.